lunes, 11 de junio de 2012

El Regreso cap 15 Happy Niley Day

-¡Lo que más me molesta es que me enga­ñes! -gritó Nick-. Has tenido la oportuni­dad de decirme la verdad, pero has preferido mentirme.
-No, nunca te he mentido -murmuró Miley sintiendo que le faltaba la respiración y que co­menzaba a sudar- Fue Ashly la que tuvo el ro­mance con Mark. La de la fotografía no soy yo, es Ashly.
-¡Accidenti! No quiero oír estupideces...
 -Muy bien -contestó ella enfadada - ¿Sepuede saber de dónde has sacado ese recorte?
-Me lo ha enviado alguien, no sé quién, que se preocupa por mí. Me lo trajo esta mañana un mensajero desde Londres.
Miley luchó para mantener la calma, para no perder el control.
-Probablemente haya sido Ashly porque me ve como una amenaza. Prefiere verme fuera de la familia. Si te paras a pensar fríamente en este horrible asunto...
-¿Fríamente?
-Te juro que nunca he tenido nada con Mark. Ni siquiera nos hemos besado jamás. Era una amistad platónica... -Nick la miraba fija­mente, con dureza. Miley estaba atenazada por el pánico, que le impedía poner en orden sus pensamientos para contarle su versión de los hechos- Yo no sabía que Ashly y Mark estaban liados hasta que vi las fotografías en la prensa. Mark solía ir por casa a menudo tras tu desapa­rición. Él y Ashly se llevaban bien, pero yo nunca sospeché nada... nunca me habría dado cuenta, estaba demasiado metida en mi desgracia como para fijarme en el comportamiento de los de­más. Ashly sugirió que fuéramos a pasar los fines de semana a la casa de Oxford. Mark trabajaba todavía allí por aquel entonces...
-Estás perdiendo el tiempo -rugió Nick-. En Sudamérica perdí la libertad, no el cerebro.
Miley siguió hablando. Había empezado e iba a llegar hasta el final.
-Ibamos en mi coche. Ashly me dijo que me vendría bien hacer algo, para distraerme, y tenía razón... entonces, yo era como una muerta vi­viente. Durante aquellos fines de semana, mu­chas veces me dejaba sola, pero nunca pensé que estuviera con Mark. Yo no era una compa­ñía muy divertida, así que no me sorprendía que se fuera a ver a amigos suyos y se llevara mi co­che... ¿Dónde vas? -jadeó cuando vio que Nick giraba sobre los talones y se alejaba.
-Todo eso es mentira. Mark era amigo tuyo, te iba a visitar constantemente. Mark vivía en una de nuestras fincas porque tú insististe para que le diera trabajo. Te gustaba tenerlo siempre cerca. ¿Por qué diablos te casaste conmigo?
-¿Cómo te atreves a preguntarme eso? –dijo Miley saliendo de su estupor y corriendo tras él.
-No quiero seguir hablando de esto... voy a perder la cabeza - contestó él parándose, pero sin darse la vuelta.
-¡Tienes que escucharme! -exclamó Miley incrédula.
-No tengo que hacer nada... -digo él con amargura haciendo que ella se estremeciera- Gracias por unos cuantos buenos revolcones.
-¡Date la vuelta y dímelo a la cara!- lo in­crepó ella.
-¿Sabes lo que realmente no iba bien en nuestro matrimonio antes de que me fuera a Montavia ? -dijo girándose repentinamente.
-No - contestó ella cruzándose de brazos.
-Mark... ¡Cada vez que me daba la vuelta me encontraba con él! Estabas más unida a él que a mí. ¡Cómo no iba a tener celos!
-¿Celos? .­
-Sí, increíble, ¿verdad? Que yo tuviera celos de un estúpido sin escrúpulos que lo único que quería era sacar tajada de todo. ¿Crees que Mark habría sido tan buen amigo si te hubieras casado con un hombre pobre? ¡Te utilizaba como quería y yo me tenía que aguantar!
Miley se dio cuenta de que Nick había sa­bido ver lo que ella no había sido capaz. Unas semanas antes lo habría defendido con uñas y dientes, -pero ya había descubierto como era a raíz del chantaje.
-Supongo que cuando mi familia te dio la es­palda tras mi desaparición, Mark te parecería tu único refugio. Supongo que por eso terminaste en su cama. ¿Te diste cuenta entonces de que estabas enamorada de él? -le espetó Nick.
Miley se quedó estupefacta ante la lógica que había empleado su marido para explicar cómo había sucumbido a aquel romance. Aquello de­jaba patente que nada de lo que le había dicho había hecho mella en él.
-¡Nunca me acosté con Mark! ¡Te juro que nunca lo hice! -exclamó.
Nick la miró con dureza, se dio la vuelta y se fue. Miley se quedó bajo el sol abrasador, quieta, sin saber qué hacer.
Se dio cuenta de que se había metido en un buen lío. ¡Nick siempre había tenido celos de su relación con Mark! Tenía tantos celos que había creído que su amistad con Mark había puesto en peligro su matrimonio. Las circuns­tancias se habían aliado de manera terrible para construir un escenario que a Nick le parecía de lo más creíble. Se había creído que tras su desaparición, su mujer se había refugiado en brazos de Mark buscando algo más que amis­tad.
Con el vestido pegado a la piel del sudor, Miley corrió por el jardín con el corazón en la boca. Todavía tenía que subir dos largas escali­natas de piedra que daban acceso a la terraza trasera de la villa. Entró en la casa, mareada del esfuerzo y temerosa de que Nick se hubiera ido.

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